Ahora que la quietud y el silencio de Punta Cana lo permiten, reflexiono que la poeta #IvelisseFanith acertó como nunca antes al poner en la ensalada capresa algo de rúcula y algo de tomates, aceite de oliva y pizcas de chile: el sabor del Marqués de Riscal, se acentúa de tal modo; ademas, los camarones con esencias de ajo, más el pan baguette, tenían que cerrar el espectáculo de sabores que completaban los pennes a la pimienta, a la luz del verano de Nueva York, o por decirlo mejor, en la bucolidad del ocaso del domingo, en el 700 de la 178 street y Broadway, en el Alto Manhattan. Al tiempo, Elsa Batista, poeta de una profundidad y una belleza sin nada a la vista para comparar, me respondía un arsenal de preguntas sobre arte, familia, trabajo, ciudades, y vida.
Era la tarde elegida para pasar revista a los dos actos previos sobre “Aquellos amores de marzo” en los Estados Unidos y para oírnos a tres voces. Ambas resistieron estoicamente la lectura de algunos relatos del libro, y yo disfrute, como enamorados en febrero, la belleza sin fondo de sus poemas limpios, frescos y edulcorantes, con mi tercera o cuarta copa del tinto, que la generosidad de las bodegas Fanith sacaba al menor asomo de escasez.
Cuando la noche recién se inauguraba, se incorporó Bethania Gerez, una de las edecanes que pusieron su tiempo y su alma, para que en dos semanas turbulentas, el recorrido saliese a pedir de boca. Todo lo hablamos. Revisamos lo relativo a la primera aparición del libro en los Estados Unidos, en el muy significativo Museo Histórico de Paterson, Nueva Jersey, donde se crecieron #AlcidesReyes y #AraCarvajal en la organización, y donde me nacieron recuerdos que muy difícilmente el paso bestial y soez de los años lograra borrar. Justo antes de que tomara la palabra, lo hicieron Alcides Reyes, el organizador, Elsa Batista que invocó la presencia de Dios, y Pedro Rodríguez, destacado líder comunitario, que corre para la alcaldía de la ciudad.
Salí del Museo Histórico de Paterson con la certeza de que ninguna otra puerta que abra en la lo que me resta de calendario, tendrá sensación igual la del Estado donde nació Michael Douglas, y comprendí cuan inmerecido era el honor de presentarle mi libro al mundo desde allí. Con rostros de personas queridas y con el apoyo de amigos que se sumaban como lectores nuevos. Recordé los tiempos en Hato Mayor, cuando las lluvias de abril parecían castigarnos por alguna inconducta ante Dios, y concluí en que era posible, con algo de obstinación, (no me acusen de soberbio: no he dicho talento) ir desde aquellos patios enlodados de Barrio Lindo hasta el Estado Jardín para abrir los relatos de “Aquellos amores de marzo” al público.
Nuestra segunda aparición, esta vez desde la Librería Publica de Nueva York, el miércoles 2 de agosto, a la que también pasamos revista en la tarde del domingo, fue de una emotividad sin marcos referenciales. #J.c.Malone, escritor, docente y periodista, junto a Ivelisse Fanith, conformamos un panel trasmitido en vivo para lectores de cualquier parte del mundo, que me dejó apenas con aliento. Lectores de Alemania, Australia, Argentina o España inquirían pasajes o datos del libro, en tanto que los dos panelistas invitados, desmenuzaban algunos de los relatos, o me acusaban de que Luz María existiese en algún lugar de República Dominicana que me empeñaba en negar.
Que fuese desde la Librería Pública de Nueva York la transmisión, pese a los escollos técnicos iniciales, le sumaba mucha adrenalina, mucha historia, mucha pasión al evento. Llevaba meses largos soñando el momento, en combinación con la editorial y con los colaboradores en los Estados Unidos. Y esa tarde lluviosa en las vecindades de Gran Central culminaba un momento largamente esperado.
Por delante quedaban las entrevistas de prensa, los contactos con personas y entidades de la cultura y el libro, y las presentaciones en Filadelfia y en Boston cancelada la última, porque a un cuerpo de 51 años, sin más estimulantes que los aplausos y alguna que otra copa de vino, bueno, seamos honestos: alguito de cervezas negras, además, les están vedados esfuerzos de campeón crucero.
Debieron ser las 12:00 de la medianoche, cuando dejamos el apartamento de Ivelisse Fanith. Íbamos a un karaoke a someter a los parroquianos a oírme cantar “Pueden decir”, de Gilberto Santa Rosa, pero tuvieron suerte: nos equivocamos de club, y a esas alturas anhelaba acostarme como la posesión mas cara a la que pudiese aspirar humano alguno.

Al día siguiente dejamos Nueva York, para regresar a Nueva Jersey, y seguir el viernes en la tarde a Pensilvania, donde Francisco Reynoso y su equipo montaban a todo galope el acto de presentación, en el 701 de la Adams Av., en Reed Wine,. Francisco convidó a la gente para las 5:00 p.m., y media hora más tarde habíamos no mas siete u ocho almas, presas del desaliento y de la cólera, en mi caso. “A quien coño invito?”, “Como me hacen venir de tan lejos a esto para hablarle a nadie?”. Pero oh sorpresa de las sorpresas! Sin transición ni acuerdos previos, dominicanos, ecuatorianos, venezolanos conformaron una línea de público entusiasta, culto y caluroso, que dejaron con la boca abierta a los incrédulos, que encabezaba yo.
Dichas las cosas iniciales, leí el relato “Santo Domingo, 15 de abril de 2017”, para que la batería de preguntas, de vivas y de aplausos incendiara la noche. Espectacular! Pocas veces me he sentido más mimado y valorado en presentación alguna. #JoséJoaquínMota, funcionario consular, inició los debates y las felicitaciones. En la previa, había sido entrevistado por los periodistas #FranklinMedrano, de Telemundo, y Polon Vásquez, que trabaja para medios disimiles de América y Europa. Filadelfia se me incrustó en el alma como la ciudad donde fui mimado y querido, en una noche para jamás olvidarla,. Al cierre, fui agasajado en el pueblo de Trenton, cuyo nombre les diré mas adelante, si recuerdo, por #RichardSambrano, el dueño del complejo Millenium, como si en vez de un escritor promedio, fuese un personaje del espectáculo.
#MyrnaSánchez, que se creció ayudando el montaje mientras hacíamos el trayecto desde Paterson a Filadelfia, regresó esa noche a su casa, junto al marido, #AlexMercedes y la edecán Bethania Gerez.
#FranciscoReynoso, en la mañana, me hizo el tour por el centro histórico de la ciudad de Declaración de Independencia, donde los turistas luchaban por hacerse una foto en la estatua de Joe Frazier, leyenda del boxeo, o por el estadio de Los Phillies y la cancha de los “Philadelfia 76ers”. Regresaría a Nueva Jersey, para continuar después, tanto a allí como en Nueva York, la agenda de contactos y reuniones, que incluía paradas en The Nueva York Times y en la librería “Barnes and Noble”, la más grande de Nueva York, fundada en 1873.
Al final, quise mirar a Nueva York, una ciudad que inspira , si bien asusta, por lo tumultuosa, por lo incomprensible y porque jamás cierra, jamás termina de operar. Casi hasta el vuelo de regreso, por el aeropuerto internacional Libertad, de Newark, donde Unite Airlines me cobró incluso por la forma de pedir el café de abordo.
Total, a esas alturas del viaje habría dado la mitad de todo, a cambio de ver a mi familia en el aeropuerto, cruzando los dedos para los besos de bienvenida…