Muchas personas en el mundo sienten que nuestro padre celestial, Dios, nos castiga, como lo hacen nuestros padres aquí en la tierra, cuando nos portamos mal o pecamos.

Lo sabemos, Enterato, su base está fundada en las escrituras, como la historia del diluvio y el arca de Noé… ¿Entonces Jesús? ¿Fue castigado al venir a la tierra y ser crucificado?… ¡No, vino a salvarnos! ¡A indicarnos el camino con su ejemplo!

Lo más complejo para entender y dar credibilidad a la biblia, es que fue escrita por humanos, de carne y huesos. Sin contar, con las parábolas, que no sabemos si tomarlas literalmente y pueden darnos diferentes mensajes de interpretación, según la experiencia e historia de vida de quien las lee.

Por estas razones, no hay nada más efectivo que cuando nos recogemos en silencio y Dios nos habla al corazón. Nadie mejor que él interpreta los pasajes de la biblia y nuestra propia historia. Pero… ¿Estamos realmente dispuestos a escuchar?

¡Los humanos podemos albergar gran arrogancia y falta de humildad! ¡Interfieren en nuestra comunicación con el creador!

Ayer, fue uno de esos días en que le pedí que se hiciese su voluntad en mí, tomara el control y me enseñara el camino a seguir. En el fondo de mi corazón, sin quererla sacar a la superficie, estaba la pregunta: ¿Por qué tengo que vivir esto? ¿Para qué me lo envías a mí?

Cuando mi mar volvió a la calma, mi propia arrogancia se había evaporado con el sol. El agua se veía tan transparente y clara.

Siento, que Dios nos coloca ciertas cosas para nuestra evolución. Sin embargo, con el libre albedrío, elegimos que hacer con lo que se nos ha dado. El resultado de nuestras elecciones, no son un premio o castigo, son las consecuencias de nuestros actos o los pasos que damos.

Las cosas no vuelven una y otra vez, como un karma eterno, nosotros le damos continuidad a nuestro sufrimiento, cada vez que nos involucramos y perpetuamos situaciones o comportamientos tóxicos para nosotros.

Uffff, y es ahí, donde la humildad es nuestra mejor amiga. Ya que el primer paso, es admitir que nuestra conducta o la situación que perpetuamos, es la causante de lo que estamos viviendo. Por lo tanto, nosotros nos producimos dolor y sufrimiento. No hay causas externas.

Así pues, solo el cambio, puede redimirnos y crear un nuevo mundo… ¿Qué esperas? ¡Conquista la felicidad!

Sobre El Autor

Pilar Aristy Capitán
Editora de Vida y Tecnología

Psicóloga Clínica con Diplomado en Evaluaciones Psicológicas Técnico en Cinematografía. Experiencia en producción y presentadora de TV

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