alexis_mendez-5Algunos llegaron en grupo, o uno a uno: todos procedentes de otros barrios. Otros, los dueños del entorno, sacaron piscinas inflables para los más chicos. Una carpa se plantó en medio de la calle para jugar dominó y bailar las bachatas y dembows de moda. De vez en cuando se escuchaba una salsa para los salseros y un son para los más viejos.

Entre cervezas y rones, se buscaba otro camino para llegar a la gloria. Nalgas y abdomen al aire, fueron testigos del calor. No había dinero para un resort, pero se podía pasar un rato chévere entre amigos.

Tazas de habichuelas con dulce pasaban de mano en mano. En un caldero se hervía jaiba y en otro, plátanos. De repente se vio pasar un plato de arroz con bacalao con papa, luego otro con pescado frito, los que dieron muestra de una persistente buena vecindad. Supongo que no ir a la iglesia, ni darse en el pecho se solventó tras respetar que ese día no se come carne.

Durante un tiempo observé desde mi balcón, el mismo espacio donde viví los mejores momentos de mi niñez. Recordé los tiempos en que los cencerros y maracas capitaneaban toques y melodías. Aquella vez la edad me impidió bajar. Esa tarde el pudor quiso hacer lo mismo; sin embargo, lo vencí.

Brotó la alegría (inmensa) por re encontrarme con personas que tenía 20 años sin ver. El volumen de la música no impidió que tarareara a Rubén (Blades) en su versión del canto del peruano Cesar Miró, el mismo que escuché por primera vez en esa misma cuadra y que reza Todos vuelven a la tierra en que nacieron/ al embrujo incomparable de su sol/ todos vuelven al rincón donde vivieron/ donde acaso floreció más de un amor”.

Lo vivido me reafirma que la cultura no es estática, que es dinámica. Que las costumbres no se imponen, que fluyen de acuerdo a las circunstancias; y la de este pueblo gira en torno a una búsqueda constante de diversión. Por algún motivo, alguien se atrevió a meternos en el grupo de las personas más felices del mundo, donde sacamos filo al dolor hasta convertirlo en carcajada; donde, entre merengues, danzamos “la muerte de Martín” o del hijo de “Siña Juanica”.

Me atrevo a decir que el dominicano cuenta con un intenso espíritu festivo, con capacidad extrema para renovar votos matrimoniales con la alegría, la que sale a buscar si ve que no llega. Eso sentí aquella tarde, en la que- entre abrazos a conocidos, y una sonrisa para los que llegaron cuando me tocó partir- viví un Viernes Santo que negó mi estatus de católico, apostólico y romano.

Una Respuesta

  1. Yurevich

    Estas costumbres se van transmitiendo de una generacion a otra, ya sea en forma de tradicion oral o representativa, o como instituciones . Con el tiempo, estas costumbres se convierten en tradiciones . Generalmente se distingue entre las que cuentan con aprobacion social, y las consideradas “malas costumbres”, que son relativamente comunes pero que no cuentan con la aprobacion social, y suelen promulgarse leyes para tratar de modificar las costumbres.

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